“Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.”


JORGE LUIS BORGES

sábado, 14 de junio de 2008

Acordes

Étude de mouvement, 1939 - VICTOR VASARELY

Estos acordes que escucho en la distancia,
son la obertura de la ópera de mi vida;
una agreste partitura de quebrados intervalos
escrita en pentagramas,
donde las claves se suceden según la tesitura
que señala la frontera entre el ser y la nada.

Mi lánguida aria es sólo un lied
que ha ido in crescendo
para convertirse en la escala cromática
de la fuente de mi existencia.

Ahora, más allá del ecuador de mi vida,
se me hace difícil entonar un nuevo canto,
otra melodía repleta de sonidos y silencios,
que se pueda representar como una gran ópera
sobre el escenario cotidiano,
donde se enfrentan mi muerte y mi vida.

viernes, 13 de junio de 2008

Tu recuerdo

Vuelvo a ver un recuerdo, mi querida Udnie, 1914 - FRANCIS PICABIA

Como la gota de rocío,
está mi corazón
esperando que los primeros
rayos de sol
quiebren el sosiego
de mi memoria.

Como la gota de rocío,
en un instante,
desangro la realidad
y, lentamente,
desangro la ausencia.

Como la gota de rocío,
inanimada y caduca,
continúo esperándote,
en medio de la nada,
junto a tu recuerdo.

jueves, 12 de junio de 2008

Sombras de olivos

Olivos, 1889 - VINCENT VAN GOGH

El frío abandona el jardín de las camelias,
germinadas en la punta del alfiler de tu solapa.
El mediodía se vuelve crepúsculo de algas y cenizas
y el jardín florido se torna erial con sombras de olivos.
Alcanza el crepúsculo el último dique seco,
sin faro de guía en esta arboleda de viento y sal
que el fuego del estío quiebra la quietud del aire.
En un instante, el crisol de las ramas vomita savia de sangre
e incendia las raíces de la rosa de los vientos.
Mi vista es patria de agrias palabras
forjadas entre las viejas arcillas de la noche.
El silencio vuelve a franquear los restos del vergel 
y debajo del olivo, entre cadáveres de magnolias y azucenas,
se asoma una frágil y delicada violeta sangrante, 
herida de muerte por el dolor de los siglos.

miércoles, 11 de junio de 2008

Tálamo de ausencia

Manao tupapau, 1892 – PAUL GAUGUIN

El tálamo es la patria,

donde murió el amor,
donde el desamor
se hace firmamento
en la soledad eterna.
El tálamo es la patria,

donde el silencio
se torna ausencia.

martes, 10 de junio de 2008

Paredes quebradas

El rompido, 2001 - SOLEDAD SEVILLA


Las paredes quebradas lloran,

bostezan sus vestidos blancos.
Dentro de nada estarán agonizando.

Sus rostros demacrados,
extremadamente blancos,
casi sin silueta, se estremecen y rompen.

Aún se escuchan sus bramidos
en las negras noches de luna nueva,
invadiendo cada uno de los rincones.
Sus mustias voces, henchidas de polvo,
casi inexistentes,
dejan un leve vaho de eco
disperso por el aire.

Sus cuerpos están ya mutilados,
desde sus huecos ojos
hasta sus putrefactos
y malolientes labios;
desde su mano izquierda,
antes glorioso estandarte,
hasta los surcos de las huellas de sus pies,
paso firme en el pasado.

Todo se acaba,
acaso todo llegue a su fin
con el principio de la muerte
en el silencio de la noche.

Se escuchan los gritos,
los lamentos, los llantos.
Todavía, a lo lejos,
resuena el eco.

lunes, 9 de junio de 2008

Sin mesura


Oriental Poppies - 1928 - GEORGIA O'KEEFFE

Era el tiempo en que las flores
tejían semillas de corales
en las cicatrices de tus muslos
entregados a mi lujuria.
Deseaba libar los pétalos
ensartados en tu cintura

con mis músculos enterrados
en la sima de tus entrañas.

Ardían océanos de amapolas
en la 
voz trémula de tus arterias,
como la incandescente lava
en los cráteres vírgenes de mi memoria.
El placer estallaba sin mesura
en tus rocas encendidas
y la razón segada de melancolía,
disipaba las nieblas del alma.
Era el tiempo en que el lecho
se tornó en cruel huracán,
y el humo se convirtió en el verdugo
de las hojas de mi boca.

domingo, 8 de junio de 2008

Ni una más

Mujer llorando, 1937 – PABLO PICASSO



Ni una más,
y ya son miles, miles de almas
en una caracola de negro nácar.
Ni una más,
talada en sus raíces
sin savia de libertad.
Ni una más,
como pétalos ajados
en jardines de asfalto.
Ya, en su vestido de novia,
llevaba hilvanado con sangre
el fuego del infierno.
No es hora de silencios,
ni es hora de palabras.
No es hora de gritos,
ni es hora de rabia.

Es hora,
como escribió Celaya,
de tomar partido hasta mancharnos.