Miro a tu alrededor y todo es sombra, atroz silencio que me encadena a tu ausencia. Tengo la médula llena de pájaros que ya han dejado de volar y mi corazón tañe a destiempo. La noche se confunde con el día. La mañana es sólo un jazmín de plomo, que se debate a muerte contra las nubes. En la carne de mis labios se abre silente un inmenso océano de soledad y miedo. Mis palabras huyen de la luz, son ojos que habitan la oscuridad. Necesito tocar tu cuerpo, entrar en ti, quedarme en ti aunque me muera por dentro, alumbrar mis negras pupilas, entender por qué me quema este fuego, quemarme en ti hasta convertirte en cenizas. Sólo soy un poeta sin rumbo. Te busco y no me encuentro.