And the sea gave up the dead which were in it, 1892 - FREDERIC LEIGHTON
Expiro en esta bóveda de silencio,
donde el verbo se vuelve incienso
necesario para desterrar las sombras,
que se inhuman lentamente en la sangre.
Se desmoronan los sueños en las pupilas,
hasta dejarlas huecas y deshabitadas,
y me abandono en el alfiz de unos labios
esperando avistar la resurrección de la carne,
para comprender el secreto del océano
que se abre de par en par en la noche.
Así procuro refugio al hombre desnudo
que llevo anclado dentro mí.
Ya ciego, sin palabras,
sin sangre, en completo silencio,
ahora que ya he muerto
vuelvo a vivir de nuevo.