“Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.”


JORGE LUIS BORGES

martes, 8 de mayo de 2012

La última noche del océano


La noche, 1917/18 – NÉSTOR MARTÍN FERNÁNDEZ DE LA TORRE


Nada es tan doloroso
como una lágrima de sal.
Nada puede ser más triste
que unos ojos muertos.

Los cuerpos son páramos
donde crecen la soledad y el miedo,
tan solo un enorme pedregal
que implora lluvia.

No queda luz en las retinas.
Ni agua. Ni sangre.
Sólo desolación
sobre la piel requemada.

Las bocas son pozos profundos
descarnados de palabras,
pozos oscuros
rebosantes de silencios.

Esta es la última noche del océano.
Ya no habrá otra noche más.
Las estrellas del firmamento
han dejado de brillar para siempre.

domingo, 6 de mayo de 2012

Haiku sin adjetivos


Hombre, 1972 - VELA ZANETTI

Esta es mi suerte,
solamente soy un hombre
sin adjetivos.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Callada melancolía

El políptico largo o Melancolía, 1981 - GUILLERMO PÉREZ VILLALTA

No sé si serán los recuerdos
que un día decidí abandonar
entre los secretos del olvido.
No sé si será tu ausencia
o esta callada melancolía
que me anega cada jornada.
Han sido demasiados los sueños
que nunca he sabido soñar.
Son ya demasiadas muertes
las que llevo sobre la piel.



domingo, 29 de abril de 2012

Haiku trémulo


Desnudo, 1895 - IGNACIO DÍAZ OLANO

Sólo el silencio
sobre tu carne trémula
es mi palabra.

miércoles, 25 de abril de 2012

Sólo nos queda el tiempo



Omni tempore nº13, 1994 - AMELIA RIERA


Desaparecieron las huellas.
Ya no vemos las sombras
entre los estambres de los cuerpos.
Miramos atrás y ya no hay memoria.
No poseemos más lenguajes,
ni hallamos nuevos silencios
donde de nuevo refugiarnos.

Solo nos queda el tiempo,
y nosotros mismos
para poder encontrarnos.

domingo, 22 de abril de 2012

Haiku entre las manos

Le Rêve, 1904 – ODILON REDON

Duele la vida
cuando mueren los sueños
entre las manos.

jueves, 19 de abril de 2012

Cansado de ser el mismo Ícaro


ICARO suite op.236 - JOSÉ LUIS MUÑOZ


Cansado de ser el mismo Ícaro,
que una y otra vez quema las alas
y se precipita en el limbo de la noche
hasta desplomarse en tierra.

Mis arterias laten siempre a deshora,
en espera de otra luz, menos negra,
que tiña nuevamente de rojo
la sangre de mi cuerpo.

Esta oscuridad absoluta
dura ya demasiado tiempo.
Demasiado tiempo anegado de palabras
que sólo supuran silencios.

No sé si este delirio,
si esta negra escarcha de fuego
que me recorre las vertebras día y noche,
podrá asir la luz del futuro.