“Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.”


JORGE LUIS BORGES

martes, 9 de agosto de 2011

Cáliz de silencio

Dos tazas blancas y silencio, 2003 – CRISTINO DE VERA

Hay demasiados días
que son noches eternas
y el verbo se hace amargo
cáliz de silencio.

domingo, 7 de agosto de 2011

La palabra de un haiku

Shell, 1996 - ROBERT HANNAFORD

Solo el rumor
y la voz del silencio
se hace palabra.

jueves, 4 de agosto de 2011

Entre dos orillas


Autorretrato (Desnudo masculino sentado), 1910 - EGON SCHIELE

“No es que morir nos duela tanto.
Es vivir lo que más nos duele.”


EMILY DICKINSON 


Nuestro cuerpo naufraga entre dos orillas.
Se desliza entre la frontera de la muerte 
y el cortante filo de la efímera vida,
en el cálido amanecer del horizonte
y en la opacidad de la noche fría.
Siempre con el estigma de la soledad 
tatuada a flor de piel, esquivando 
el vértigo de nuestra propia agonía.

martes, 2 de agosto de 2011

Génesis del sueño

Coordenada cero, 2006 - ANA FLOR CASTRO PÉREZ

Siempre vuelvo al principio,
a la génesis del sueño
y al vuelo del girasol
en el blanco infinito de tu cuerpo.

Siempre regreso,
en las largas noches sin luna,
al refugio cálido de tus alas
porque aquí comienza la vida.

domingo, 31 de julio de 2011

Haiku cautivo

La cárcel de los días por pasar, 2002 - MIGUEL ÓSCAR MENASSA

Como un rehén
preso en la eternidad
transita el tiempo.

jueves, 28 de julio de 2011

Océano de silencio


Ventana, cráneo y Teide, 2004 – CRISTINO DE VERA

Taladrará la lluvia los poros de la piel,
caerá un aguacero de hiel y sangre
sobre las raíces de la memoria.
La luz volverá a ser de nuevo
óvulo de tierra y semen de fuego
sobre la soledad del desierto
y a lo lejos, tras el horizonte
continuarán ardiendo las estrellas
sobre este océano de silencio.

martes, 26 de julio de 2011

En el eco del silencio

The Echo (Study for Baignade), 1893 – GEORGE SEURAT

Cuando llega la noche 
solo se escucha el eco del silencio.
El poema siempre huele a jardín 
cuando la luz de la luna 
alumbra la piel de la ausencia
y la convierte en verbo, 
donde habita el océano
y desnuda el tiempo 
en la soledad de la memoria.