“Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.”


JORGE LUIS BORGES

jueves, 4 de agosto de 2011

Entre dos orillas


Autorretrato (Desnudo masculino sentado), 1910 - EGON SCHIELE

“No es que morir nos duela tanto.
Es vivir lo que más nos duele.”


EMILY DICKINSON 


Nuestro cuerpo naufraga entre dos orillas.
Se desliza entre la frontera de la muerte 
y el cortante filo de la efímera vida,
en el cálido amanecer del horizonte
y en la opacidad de la noche fría.
Siempre con el estigma de la soledad 
tatuada a flor de piel, esquivando 
el vértigo de nuestra propia agonía.

martes, 2 de agosto de 2011

Génesis del sueño

Coordenada cero, 2006 - ANA FLOR CASTRO PÉREZ

Siempre vuelvo al principio,
a la génesis del sueño
y al vuelo del girasol
en el blanco infinito de tu cuerpo.

Siempre regreso,
en las largas noches sin luna,
al refugio cálido de tus alas
porque aquí comienza la vida.

domingo, 31 de julio de 2011

Haiku cautivo

La cárcel de los días por pasar, 2002 - MIGUEL ÓSCAR MENASSA

Como un rehén
preso en la eternidad
transita el tiempo.

jueves, 28 de julio de 2011

Océano de silencio


Ventana, cráneo y Teide, 2004 – CRISTINO DE VERA

Taladrará la lluvia los poros de la piel,
caerá un aguacero de hiel y sangre
sobre las raíces de la memoria.
La luz volverá a ser de nuevo
óvulo de tierra y semen de fuego
sobre la soledad del desierto
y a lo lejos, tras el horizonte
continuarán ardiendo las estrellas
sobre este océano de silencio.

martes, 26 de julio de 2011

En el eco del silencio

The Echo (Study for Baignade), 1893 – GEORGE SEURAT

Cuando llega la noche 
solo se escucha el eco del silencio.
El poema siempre huele a jardín 
cuando la luz de la luna 
alumbra la piel de la ausencia
y la convierte en verbo, 
donde habita el océano
y desnuda el tiempo 
en la soledad de la memoria.

domingo, 24 de julio de 2011

Gin Tonic con haiku

Sólo hay sangre esta noche, 1986 - ROBERTO GONZÁLEZ FERNÁNDEZ

En un gin tonic,
siempre al anochecer,
habita el haiku.

jueves, 21 de julio de 2011

Estambres de silencio

El cadáver de Francis Bacon a la espera de ser incinerado, 1993 - JUAN MASSANA

Sé que cada una de las horas,
haga lo que haga y pase lo que pase,
no son otra cosa que sesenta minutos 
de inexorable muerte en el reloj.
Sé que los espejos que alumbran la memoria
se rompieron la noche, de abril del noventa y dos,
cuando Bacon murió en una clínica de Madrid.

También sé que, por oscura que sea la noche,
el sol volverá a derretir las escarchas de luz
sobre el horizonte del próximo amanecer.
Solo sé que ya no me quedan palabras
con las que continuar construyendo versos 
que estas que ensarto con estambres de silencio.