en busca del carrusel del tiempo.
Necesito encontrar unos labios
que sepan pronunciar palabras
y se debatan en silencio
entre la verdad del sueño
y la eterna melancolía.
Portrait of Lisa, 1957 - FRANCIS BACON
DULCE MARÍA LOYNAZ
Jugué a ser gorrión desamparado
en busca de un confortable nido,
a ser ave de presa, siempre al acecho
desde lo más alto del acantilado,
a ser gaviota malherida
que sobrevuela solitaria el ancho océano.
Siempre quise volar libre,
aunque nunca tuve otras alas
que estas de cera que llevo conmigo.
Ansiaba volar demasiado alto
y a duras penas he logrado, con el paso de los años,
levantar el vuelo más de dos metros del suelo.
Soñé con ser Ícaro, una, otra y otra vez,
sin de verdad alcanzar a comprender
que la cera de mis alas terminarían por derretirse,
dándome de bruces con la realidad del sueño.
Ahora, después de tantos años,
de tantas idas y venidas por las aceras de esta vida
que todavía sostengo entre mis manos,
solo me queda desgranar algún racimo de versos,
silentes, dormidos, casi olvidados,
que jamás podré pronunciar ni escribir
en el sonoro silencio de tus labios.
Retrato hecho en cinco minutos, 2020 - LUIS ARENCIBIA
ALDA MERINI
Cargo con mi cruz por las aceras de la noche,
buscando las huellas de luz en la nieve
para alumbrar la profunda herida abierta en la razón.
Transito por la oscuridad desde el corazón del verso,
anegando de soledad la garganta con palabras prohibidas
que solo dibujan sombras en la comisura de mis labios.
Atravieso la niebla entre la vigilia y el sueño
sin encontrar las puertas de la gloria ni la patria verdadera.
Escucho la sangre en el latido de mi propia carne
y en las voces que me habitan en este tiempo tan gris.
Cargo con mi cruz y me siento efímero ante el vacío
sabiendo que me acechan las flores del olvido.
Sé que más pronto que tarde
seré una simple brisa de polvo o de ceniza.
Sé que solo es eterno el silencio de la muerte.
Paisaje volcánico, 1993 – MIRÓ MAINOU
Se rompió la tierra
y abrió un terrible precipicio
en el brocal oscuro del cerebro.
Todavía mana la sangre
mezclada con coágulos,
y cada afilada grieta
se convierte en un páramo desértico.
La tarde reventó la luz del relámpago
que ardía en las desasosegadas pupilas.
Ahora solo queda esperar con afán
a que muera de una vez este sol
en el horizonte de nuestros labios.
Ya no habrá más tierra,
tampoco sangre queda,
ni tan siquiera agua pura,
tan solo un inmenso pedregal
repleto de escorias negras
entre las cenizas del alma.
"De un abismo a otro abismo.
Así hemos vivido."