
un peñasco malherido
y las rosas de terciopelo.
Podrá enmudecer el eco,
apagarse la luz de las estrellas,
eclipsarse para siempre la luna
y no volver jamás a salir el sol.
Podrá ver mi retina la infinita oscuridad,
confundir la noche con la luz del día.
Podrá mi amor convertirse en desamor,
transformarse el sueño en eterna vigilia.
Podrá morir mi voz y cada poro de mi cuerpo,
pero siempre me quedará tu ausencia y tu silencio.
Sobrevolando en espiral el Coliseo, 1931 - GUGLIELMO SANSONI
Si volviera a nacer lo haría en Italia,
bajo la cúpula de Florencia,
en la campiña de la Toscana,
en la Giudecca de Venecia,
en el mar de la Cinque Terre,
o junto al Foro y al Coliseo en la Città Eterna.
Si volviera a nacer lo haría en Italia,
en el alma de Leonardo,
en el mármol de Michelangelo,
en la elegancia de Rafael,
en el color y el movimiento de Botticelli,
en la belleza simple de Donatello
o en el tenebrismo de Caravaggio.
Si volviera a nacer lo haría en Italia
en cada una de las óperas de Puccini,
en las voces de Pavarotti
y del inmenso Caruso,
en el lirismo de la Scotto
o en la musicalidad de la Freni.
Si volviera a nacer lo haría en Italia,
en la majestuosidad de Dante,
en el pesimismo lírico de Leopardi,
en la melancolía de Pascoli,
en el verso desnudo de Ungaretti
en la poesía doliente de Passolini
o en la soledad interior de Pavese.
Si volviera a nacer lo haría en Italia,
en la mirada de Visconti,
en el neorrealismo de Rosellini y de Vittorio de Sica,
en la sátira de Fellini,
en la incomunicación de Antonioni
o en la genialidad de Benigni.
Si volviera a nacer lo haría en Italia,
aunque necesariamente para ello
tuviera que morir de nuevo junto a Shelley y a Byron,
mirando al azzurro de la Liguria
desde la costa de Lerici y Portovenere,
en el Golfo de los Poetas de la Spezia.
Maresía 4, 1997 - MARTA MARIÑO