“Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.”


JORGE LUIS BORGES

domingo, 27 de julio de 2008

Senderos de la ausencia

Aufbruch, 2004 - DIANA KRASSELT

El relieve de esta tierra,
que me abraza en un anillo
hecho con cada gota de sangre,
es sólo una estela desnuda de aves.
Es un roque quebrado, 
un peñasco malherido
que me nace entre los dedos.

Entre las cenizas de la sangre,
en las entrañas de la hierba 
donde duermen los silencios
y reposan las palabras,
se arrulla el salitre del océano
con un crepúsculo de rocío,
que fluye presuroso por el cauce
donde florecen las violetas 
y las rosas de terciopelo.

En mi vientre, calado de secretos,
brillan los senderos de la ausencia
que tras el soplo de los alisios
me hacen retorcer y doblegar
como un bosque de sabinas al viento.

sábado, 26 de julio de 2008

Llega la ausencia

Solitudine, 1925/1926 - MARIO SIRONI 

Todo pasa 
y todo queda.
Pasa el amor, 
queda la soledad.
Pasa la vida 
y queda el recuerdo.
Pasa el destino, 
queda el presente.
Pasa el verano 
y queda el invierno.
Pasa la muerte,
llega la ausencia.
Pasa el viento 
y solo queda el silencio.

viernes, 25 de julio de 2008

Al amanecer

El suspiro de la noche, 2005 - JOSÉ VIERA

Al amanecer, cuando el heno
es solo un recuerdo de tu carne trémula,
recostado aún en las riberas de la memoria
y después de una larga noche de insomnio,
aún yace junto a mí una marea de desaliento
que en otro momento fue tangible gloria.

Al amanecer, con el sol naciente,
se abre en mí un cráter del que brota 

incesante una cabalgata de Walkirias,
que irrumpe con furia ente las brumas
y me devuelve al vientre del océano
para volver a ser simiente del nuevo día.

jueves, 24 de julio de 2008

Suposiciones en la madrugada

Meditación sobre el arpa, 1932 / 1934 - SALVADOR DALÍ 

Podrá enmudecer el eco,

apagarse la luz de las estrellas,

eclipsarse para siempre la luna

y no volver jamás a salir el sol.

Podrá ver mi retina la infinita oscuridad,

confundir la noche con la luz del día.

Podrá mi amor convertirse en desamor,

transformarse el sueño en eterna vigilia.

Podrá morir mi voz y cada poro de mi cuerpo,

pero siempre me quedará tu ausencia y tu silencio.


miércoles, 23 de julio de 2008

Si volviera a nacer

Sobrevolando en espiral el Coliseo, 1931 - GUGLIELMO SANSONI


Si volviera a nacer lo haría en Italia,

bajo la cúpula de Florencia, 

en la campiña de la Toscana,

en la Giudecca de Venecia, 

en el mar de la Cinque Terre,

o junto al Foro y al Coliseo en la Città Eterna.


Si volviera a nacer lo haría en Italia,

en el alma de Leonardo, 

en el mármol de Michelangelo,

en la elegancia de Rafael, 

en el color y el movimiento de Botticelli,

en la belleza simple de Donatello 

o en el tenebrismo de Caravaggio.


Si volviera a nacer lo haría en Italia

en cada una de las óperas de Puccini,

en las voces de Pavarotti 

y del inmenso Caruso,

en el lirismo de la Scotto 

o en la musicalidad de la Freni.


Si volviera a nacer lo haría en Italia,

en la majestuosidad de Dante, 

en el pesimismo lírico de Leopardi,

en la melancolía de Pascoli, 

en el verso desnudo de Ungaretti

en la poesía doliente de Passolini 

o en la soledad interior de Pavese.


Si volviera a nacer lo haría en Italia,

en la mirada de Visconti, 

en el neorrealismo de Rosellini y de Vittorio de Sica, 

en la sátira de Fellini,

en la incomunicación de Antonioni 

o en la genialidad de Benigni.


Si volviera a nacer lo haría en Italia,

aunque necesariamente para ello 

tuviera que morir de nuevo junto a Shelley y a Byron, 

mirando al azzurro de la Liguria

desde la costa de Lerici y Portovenere, 

en el Golfo de los Poetas de la Spezia.


martes, 22 de julio de 2008

Qué importa

Maresía 4, 1997 - MARTA MARIÑO


Qué importa la distancia
si soy eterno peregrino
de tus páramos sagrados
y mi tibia memoria
sueña con las imágenes
del caleidoscopio de tus labios.

Qué importa la melancolía
si tus suaves y tiernos besos
son húmedos como la maresía
y tus delicadas axilas
guardan los rumores
de las brasas de mi fuego.

Qué importa el tiempo
si mi incierto destino
son tus ardientes auroras
y mi aciago exilio
es un puro éxtasis
en tus noches y en tus días.

Qué importa la lluvia
si tu patio florido
es desván de mi cuerpo
y tu perenne sonrisa
es la fuente del deseo
en los pozos de mi alma.

Qué importa el silencio
si eres como el aire fresco
en las huellas de mis dedos
y tus susurros y jadeos
huelen en mi frágil recuerdo
a jazmines y a sándalo.

Qué importa el ocaso
si contigo soy sombra
del radiante mediodía
y mis profundas heridas
sólo son las zanjas necesarias
para crecer flores de primavera.

Qué importa el viento
si tu cuerpo al amanecer
son las raíces de mi suelo
y la penumbra de mi cerebro
se hace luz en el laberinto
de la plenitud de tus secretos.

Qué importa si mis versos
se clavan como puñales
en los contornos de mi locura,
si tus largos y profundos abrazos
son el resplandor y el regazo

de mis oscuras tormentas.

lunes, 21 de julio de 2008

Cuatro estaciones

Cuatro Estaciones, 1928 - JOHANNES ITTEN
Era Primavera,
sin embargo, tú hacías
que me sintiera Otoño,
como el Otoño que arroja
el verdor de la esperanza,
como el Otoño que expele
la hojarasca de los árboles.

Tú te encontrabas erguida,
luchando para vencer
al Invierno cauteloso
que había petrificado,
de una vez para siempre
las huellas de un lleno absoluto
preñado de lucidez.

Tú me recordabas demasiado
al Verano de mi juventud,
cuando la vida se me iba
por un desagüe de segundos,
discurriendo frenéticamente
hacia el canal de la existencia.

De pronto, el mar refrescó mi cara
y otra vez, y no sé cuántas,
volví a ver el fuego eterno dentro de mí.
Intenté apagarlo, pero ya era tarde
para comenzar a buscar otro Verano,
para descubrir otro corazón de Invierno
que latiera en este Otoño de Primavera.