
Sin título 16, 2010 – MIRTA BENAVENTE
A ti, madre.
Luz de la vida,
continúa alumbrándome
ahora en la muerte.
En la tangente del mar
crece una azucena herida,
que vierte su luz cenital
sobre la sangre del tiempo.
Solo en los agujeros del sol
se marca la piel del alba,
justo en el preciso instante
en el que las cuencas de mis ojos
se abren al nuevo horizonte.
Busco una simple palabra
que, sin hacer tanto ruido,
nazca en las entrañas del silencio.