“Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.”


JORGE LUIS BORGES

jueves, 24 de julio de 2008

Suposiciones en la madrugada

Meditación sobre el arpa, 1932 / 1934 - SALVADOR DALÍ 

Podrá enmudecer el eco,

apagarse la luz de las estrellas,

eclipsarse para siempre la luna

y no volver jamás a salir el sol.

Podrá ver mi retina la infinita oscuridad,

confundir la noche con la luz del día.

Podrá mi amor convertirse en desamor,

transformarse el sueño en eterna vigilia.

Podrá morir mi voz y cada poro de mi cuerpo,

pero siempre me quedará tu ausencia y tu silencio.


miércoles, 23 de julio de 2008

Si volviera a nacer

Sobrevolando en espiral el Coliseo, 1931 - GUGLIELMO SANSONI


Si volviera a nacer lo haría en Italia,

bajo la cúpula de Florencia, 

en la campiña de la Toscana,

en la Giudecca de Venecia, 

en el mar de la Cinque Terre,

o junto al Foro y al Coliseo en la Città Eterna.


Si volviera a nacer lo haría en Italia,

en el alma de Leonardo, 

en el mármol de Michelangelo,

en la elegancia de Rafael, 

en el color y el movimiento de Botticelli,

en la belleza simple de Donatello 

o en el tenebrismo de Caravaggio.


Si volviera a nacer lo haría en Italia

en cada una de las óperas de Puccini,

en las voces de Pavarotti 

y del inmenso Caruso,

en el lirismo de la Scotto 

o en la musicalidad de la Freni.


Si volviera a nacer lo haría en Italia,

en la majestuosidad de Dante, 

en el pesimismo lírico de Leopardi,

en la melancolía de Pascoli, 

en el verso desnudo de Ungaretti

en la poesía doliente de Passolini 

o en la soledad interior de Pavese.


Si volviera a nacer lo haría en Italia,

en la mirada de Visconti, 

en el neorrealismo de Rosellini y de Vittorio de Sica, 

en la sátira de Fellini,

en la incomunicación de Antonioni 

o en la genialidad de Benigni.


Si volviera a nacer lo haría en Italia,

aunque necesariamente para ello 

tuviera que morir de nuevo junto a Shelley y a Byron, 

mirando al azzurro de la Liguria

desde la costa de Lerici y Portovenere, 

en el Golfo de los Poetas de la Spezia.


martes, 22 de julio de 2008

Qué importa

Maresía 4, 1997 - MARTA MARIÑO


Qué importa la distancia
si soy eterno peregrino
de tus páramos sagrados
y mi tibia memoria
sueña con las imágenes
del caleidoscopio de tus labios.

Qué importa la melancolía
si tus suaves y tiernos besos
son húmedos como la maresía
y tus delicadas axilas
guardan los rumores
de las brasas de mi fuego.

Qué importa el tiempo
si mi incierto destino
son tus ardientes auroras
y mi aciago exilio
es un puro éxtasis
en tus noches y en tus días.

Qué importa la lluvia
si tu patio florido
es desván de mi cuerpo
y tu perenne sonrisa
es la fuente del deseo
en los pozos de mi alma.

Qué importa el silencio
si eres como el aire fresco
en las huellas de mis dedos
y tus susurros y jadeos
huelen en mi frágil recuerdo
a jazmines y a sándalo.

Qué importa el ocaso
si contigo soy sombra
del radiante mediodía
y mis profundas heridas
sólo son las zanjas necesarias
para crecer flores de primavera.

Qué importa el viento
si tu cuerpo al amanecer
son las raíces de mi suelo
y la penumbra de mi cerebro
se hace luz en el laberinto
de la plenitud de tus secretos.

Qué importa si mis versos
se clavan como puñales
en los contornos de mi locura,
si tus largos y profundos abrazos
son el resplandor y el regazo

de mis oscuras tormentas.

lunes, 21 de julio de 2008

Cuatro estaciones

Cuatro Estaciones, 1928 - JOHANNES ITTEN
Era Primavera,
sin embargo, tú hacías
que me sintiera Otoño,
como el Otoño que arroja
el verdor de la esperanza,
como el Otoño que expele
la hojarasca de los árboles.

Tú te encontrabas erguida,
luchando para vencer
al Invierno cauteloso
que había petrificado,
de una vez para siempre
las huellas de un lleno absoluto
preñado de lucidez.

Tú me recordabas demasiado
al Verano de mi juventud,
cuando la vida se me iba
por un desagüe de segundos,
discurriendo frenéticamente
hacia el canal de la existencia.

De pronto, el mar refrescó mi cara
y otra vez, y no sé cuántas,
volví a ver el fuego eterno dentro de mí.
Intenté apagarlo, pero ya era tarde
para comenzar a buscar otro Verano,
para descubrir otro corazón de Invierno
que latiera en este Otoño de Primavera.

domingo, 20 de julio de 2008

Salmo para ser nada

Nude Study of Thomas E. McKeller, 1917 /19 20 - JOHN SINGER SARGENT

Para ser nada
me sobra mi vestido,

me basta mi desnudo
para ser nada.

Sin ti,
sin mi,
sin nosotros,
sin vestidos,
sólo desnudos
en medio de la nada.

Para ser nada
me sobra mi vestido,
me basta mi desnudo
para ser nada.

Ser ansia
o ser nada,
regresar al pasado
o diluir el presente,
continuar vestido
o renacer desnudo.

Para ser nada
me sobra mi vestido,
me basta mi desnudo
para ser nada.

Dejar de ser
para ser nada,
sólo ser nada
en tu nada,
en ti sigo viviendo
siendo nada.

Para ser nada
me sobra mi vestido,
me basta mi desnudo
para ser nada.

Todo o nada,
da igual,
si la soledad,
la ausencia
y la memoria
son la misma alma.

Para ser nada
me sobra mi vestido,
me basta mi desnudo
para ser nada.

sábado, 19 de julio de 2008

Atalaya del olvido

Paisaje de Castilla, 1909 - IGNACIO ZULOAGA


Desde la atalaya del olvido,
sobre los acantilados de la memoria,
me asomo a tus turgentes muslos
y te recorro con la yema de mis dedos.
Me recuesto en tu limpia mirada,
que me agasaja y me da cobijo,
y me envuelvo con los dulces besos
de tus ardientes estrellas.
Vislumbro la penumbra
de las arboledas de palabras
y los rumores florecidos
en los labios de las caracolas.
Me sostengo sólo con las bridas
de mi destino incierto
y me sumerjo en el bálsamo
del embriagador abismo,
alumbrado por la luz de la soledad.
Me cubro con la ceniza
del viento fértil de Castilla
y me abraso con el amarillo
del piorno serrano de Gredos.
Me desmayo con los verdes acordes
de los olivares y encinas,
de los álamos y chopos,
y con el rojo cereza del Jerte.

Desde la atalaya del olvido,
sobre los acantilados de mi memoria,
me embriago con los racimos
desnudos de uvas negras,
borro las cicatrices de las rosas
y, a dentelladas en tu cintura,
devoro los pétalos de amapolas
que deliran en mis silencios.

viernes, 18 de julio de 2008

No comienza aquí

El descubrimiento, 1982 - EDUARDO ÚRCULO


No comienza aquí el paisaje de girasoles
germinados en tu memoria,
ni empieza la cúpula de humos y cenizas en mi mirada de cristal.
No comienza aquí el melancólico horizonte
de mi voz quebrada,
ni empieza el sonido de las burbujas en tu alma.
No comienza aquí la alianza de tu furtiva mirada,
ni empieza el llanto de mis troncos retorcidos
que antes fueron flores.
No comienza aquí el abanico de lenguas
de la Babel encantada,
ni empieza el maná caído en el Éxodo.
No comienza aquí el color de tu frente,
ni empieza la herida sangrante
de las espinas en mi celada.
No comienza aquí la ráfaga incesante del aguacero
en mis calladas tormentas,
ni empieza el oasis de frutas y canela en tu desierto dorado.
No comienza aquí la fuga rota de los cuatro vientos,
ni empieza el trance de mi errática pluma
descendiendo al infierno.

Sólo comienza el dolor agrio de la muerte,
el fuego eterno de la ebria sustancia de la nada.