
Aquel instante duró una eternidad
y el caos del silencio hizo florecer en mí el desierto
entre los poros del jardín de tu piel.
La primavera brotaba lentamente entre tus lágrimas
y al llegar a mis labios agonizó la palabra.
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Aquel instante duró una eternidad
y el caos del silencio hizo florecer en mí el desierto
entre los poros del jardín de tu piel.
La primavera brotaba lentamente entre tus lágrimas
y al llegar a mis labios agonizó la palabra.
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Sé que estoy sobreviviendo
constreñido en un mar de magma,
que explosiona en cada jornada
cuando llega el crepúsculo,
para dejar fluir la densa lava
por el inmenso campo volcánico
en el que yo mismo me he ido convirtiendo.
El futuro se abre ante mí de par en par
y cae gota a gota desde la cresta más alta
hasta el lecho del barranco más profundo.
El pasado va muriendo con demasiada lentitud
bajo un lajial que cada vez se va haciendo más extenso,
a medida que el presente va formando un insaciable malpaís
que inexorablemente cuartea mi existencia.