
Manos de la esperanza – OSWALDO GUAYASAMÍN
Es un día para la esperanza,
Todavía queda mucho camino por recorrer.
Atrás queda la barbarie y la sinrazón.
Todos los poetas están ebrios
de amor y vida cuando llega el alba,
aunque canten al desamor
y a la muerte al anochecer.
Moldean el silencio y la palabra
desde el abismo del verso
para lanzarse al paroxismo
y a la catarsis del poema.
Los poetas buscan la luz
entre las rendijas de sus ojos,
aunque solo encuentren el vacío
en la sima de su mirada.
Se rasgan las venas
hasta desangrarse por dentro,
buscando una transfusión
de sangre limpia y nueva.
Los poetas se inmolan cada día
en las aceras de la noche,
cuando queman a solas
la angustia y el miedo
en la hoguera de su propia piel.
Se nos rompió la noche de repente
y nos quedamos desnudos en mitad del silencio
de aquel inmenso campo de amapolas,
esperando a que el rayo de la luna
volviera a proyectar su sinuosa sombra
sobre los ojos melancólicos del unicornio azul.
Se nos rompió la noche de repente
y, casi sin darnos cuenta,
ya había pasado la vida entera
bajo las heridas de nuestra piel.