“Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.”


JORGE LUIS BORGES

miércoles, 16 de junio de 2010

La noche es frágil


Fragile Hero II, - DAVID COBLEY

La noche es frágil,
como una arteria rota
que va desangrándose
hasta dejarme muerto.
Frágil como tus labios
encendiendo de pasión
el alfeizar de mi ventana.
Frágil como tu imagen
desnudándose en el espejo
que late en mi memoria.
Tan frágil como el ayer.
Frágil como este amanecer.
Tan frágil como el mañana.

martes, 15 de junio de 2010

Soplo de viento

Rumor del viento, 1981 - ALBERT RÁFOLS CASAMADA

“Todos vamos hacia donde sale el sol,
aunque tú y yo nos separamos ya a la llegada de la luna.”

MARIO MARTÍNEZ RELAÑO

Esta será la última puesta de sol
que podrán ver nuestros ojos.
Después marcharemos errantes
hacia la larga planicie de la nada,
allá donde la primera luna florecida
se envuelve con sombras de escarchas.
Estamos eternamente condenados
a tatuarnos la piel desnuda
y a reflejar nuestro inmenso vacío
en el envés de un espejo coagulado.
A partir de ahora seremos un soplo de viento,
sólo un cristal de salitre en la noche oscura.

lunes, 14 de junio de 2010

Nadie


Estudio de George Dyer frente al espejo (detalle), 1968 - FRANCIS BACON


No espero a nadie

a nadie

ni siquiera a un recuerdo"


Philippe Soupault



No queda tiempo para nadie
ni nadie tejerá un nuevo sueño bajo la luna.
Nadie volverá a amar jamás sobre la hierba
de cualquier parque de esta ciudad.
Nadie verá más bandadas de pájaros
volando libremente en el cielo azul.
Nadie se abrigará en el regazo de su amante
para juntos ver pasar el invierno.
Nadie se reflejará nunca más en los espejos
que circundan las galerías de la soledad.
Ya no aguarda nadie, absolutamente nadie
ni nadie espera ya entre los muertos.

domingo, 13 de junio de 2010

Haiku de agua y sangre

Pilates last decision - PAUL LISAK

Sí, como el agua
en manos de Pilatos,
también soy sangre.

sábado, 12 de junio de 2010

Ven y quédate

Sur la mer calmée, 2002 - FRANCINE VAN HOVE

Ven y quédate sobre mi pecho,
siente ardiendo mi corazón
conforme te adentras en el sueño.

Ven y quédate la vida entera,
encendiendo la fragua de los deseos
hasta que seamos un solo cuerpo.

viernes, 11 de junio de 2010

Es medianoche ya



Portrait of Juan Gris, 1915 - AMEDEO MODIGLIANI*

Es viernes en la medianoche
y el reloj del estudio se desespera
mientras otra hoja muere en blanco.
¿Acaso se puede pintar la muerte
de forma más absurda que en color blanco?

Son demasiadas ideas y palabras
las que yerran por mis arterias
en busca del oxígeno necesario.
Demasiados silencios los que se desnudan
sumergidos en el hielo de este gin tonic.

No sé si al otro lado de la noche
habitará alguien para encenderme,
para prender todo el magma preciso
que sea capaz de licuar la gélida escarcha
hasta convertirla en crepúsculo de agua.

Es medianoche en mi cerebro,
mis dedos sufren una extraño entumecimiento
y mi corazón ha dejado de latir hace una eternidad
en la Brasserie Lipp de Saint-Germain-des-Prés
o sobre las interminables aceras de cualquier otra calle de París.

Entre las sombras de todos los espejos olvidados de la nada
se asoman, desde Montparnasse, Sartre y Simone de Beauvoir,
al tiempo que Yves Montand sigue cantando Les feuilles mortes
para Simone Signoret en el Cementerio de Père-Lachaise
bajo la inmortal mirada de la Callas y Chopin.

Es medianoche ya, aunque podría ser de madrugada,
mi voz se oscurece entre la luces transparentes
de este fría y ancha copa de Bombay Sapphire,
mientras termino de leer El Siglo de Sartre, de Bernard-Henri Lévy,
y repito con él la última frase: “este viejo era nuestro joven”.


* Amedeo Modigliani también está enterrado en el Cementerio de Père-Lachaise.

jueves, 10 de junio de 2010

El sonido de tu nombre


Estero, 2007 - CLAUDIA GALLEGOS

He visto volar miles de palomas
rumbo al mar de los silencios,
llevando sobre las alas
un caleidoscopio de palabras.
He vuelto a ver salir el sol
entre las nubes y la luna,
aunque me asfixie el tiempo
y me ciegue la mirada.

He visto aparecer en el azul
un sinfín de vencejos
que revolotean sin cesar
entre la yema de tus dedos.
He escuchado una vez más
el sonido de tu nombre
deslizándose entre los labios
hasta disolverse en mi garganta.