“Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.”


JORGE LUIS BORGES

jueves, 21 de abril de 2011

Ocaso

Balada de la ilusión en el ocaso, 1967 – LUIS MANUEL PASTOR

La luz ciega en la noche
al adentrarnos en el laberinto
de los espejos olvidados.
La luz hiere y llaga la piel
y ahuyenta el soplo del viento
cuando llega el alba.
Sólo el implacable tiempo
nos conduce sin remedio
al definitivo ocaso.

5 comentarios:

  1. Mi casa está llena de espejos, porque cada mujer que ha venido a vivir conmigo ha tenido la ocurrencia de poner uno donde quería; así Aurora colocó uno en la cocina, Karla en el dormitorio, Astrid en el living, Claudia en la galería y Malena tuvo la feliz ocurrencia de poner uno en la lavandería. Y no sé si es bueno o malo pero cuando hemos terminado la relación cada una se ha llevado lo que pudo, menos el espejo que instaló.

    tal cual lo decís, somos ese laberinto. Y quien sabe, pero con el tiempo es bueno ir perdiendo la memoria en el ocaso.

    mi admiración querido Noray!

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  2. me gustan los laberintos, me seducen y de vez en cuando buceo en el mío
    hay tantas cosas que nos ciegan el ojo, pero ojo que no nos cieguen el sentir

    besos y feliz fin de semana

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  3. Después de un largo tiempo sin leerte amigo.. sorprendes cada día mas con tu poesía..


    Un abrazo
    Saludos fraternos..

    Que disfrutes la semana.. mis mejores deseos...

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  4. vuelves a emocionarme, eso es muy bueno...

    porque significa que yo estoy vivo
    y también significa que eres un poeta y que tus palabras cobran vida en otras personas y hacen que no se sientan tan solas, tan desamparadas.

    Muchas gracias, por emocionar, por mucho tiempo.

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  5. Com un pigall orfe de temor
    et guio camí de mil lluentors
    que fereixen
    i que destrien destins
    de dies pretèrits.
    Ferits a cada pas,
    a cada mot,
    a cada silenci,
    de vegades la llum
    ens endureix la ferida,
    a cops la fa sagnar,
    i com nafres a la pell
    queden els records
    d’adéus histèrics,
    d’adéus callats i eterns,
    d’adéus curts com la pluja
    d’una tarda de primavera,
    d’adéus sempre recordats
    com el primer petó.
    Tot un plegat de llums
    que passen pel costat
    fins que finalitzi la pròpia llum,
    deixant orfe l’enginy,
    el mot i el record
    que tant cops
    han trobat en tu musa final.

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Inexorablemente, dos somos infinitamente más que uno.