
Y el oro de sus cuerpos, 1901 – PAUL GAUGUIN
La palabra es una azucena herida
que florece en la esquina inmaculada
de tu cintura, justo en el límite vertical
donde se mezclan el humo y la niebla,
entre las miradas trémulas y la blasfemia.
La palabra es un polinomio estéril
suspendido de un hilo que se descuelga
hasta la sima de tu sexo desnudo,
donde se encarna la verdad inmutable
que siempre muere al borde de tu aliento.
La palabra es el cáliz eterno
que guarda el bálsamo
donde la vida se hace fértil,
la palabra es el sagrario
en el que se custodia el silencio.
El cáliz eterno son tus versos poeta..
ResponderSuprimirUn gusto leerte siempre
Un abrazo
Saludos fraternos
Es excelente...las imágenes sse ensartan como un collar de cuentas en perfecto crescendo.el final me encanta.un beso, poeta
ResponderSuprimirHola:
ResponderSuprimirLeeré de nuevo al alba para sentir y gozar la palabra.
Sin palabras me has dejado, Noray.
ResponderSuprimir¡Precioso!
La palabra lo es todo o nada, dependiendo de quien la pronuncie. Muy bonito!
ResponderSuprimirLa palabra, esa palabra sincera sin artificio que sale del alma..despues de morar en el sagrario en el que se custodia el silencio.
ResponderSuprimirExcelente tu poema de maestro
cálido abrazo
La palabra siempre debe estar bien custodiada porque cabe la posibilidad de que sea pluma ingrávida al viento como digestión indigerida.
ResponderSuprimirLas de estos versos tuyos, me gustan.
la palabra es vida, la palabra es dios
ResponderSuprimirTu poesía es muy bella, de una sólida construcción, sin concesiones a la galería...tiene ese especial aroma que sólo el que es poeta es capaz de impregnarle...un abrazo desde Zuhaitz-Ondoan de azpeitia
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