“Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.”


JORGE LUIS BORGES

miércoles, 14 de mayo de 2008

Venecia

Gran Canal de Venecia, 1881 – Auguste Renoir

Recuerdo Venecia antes de amarla. 
Recuerdo sus calles estrechas 
 junto a Piazza San Marco, 
San Giorgio, la Giudecca, 
Murano, Burano, Torcello, 
el calor húmedo 
 en el mediodía del mes de Julio, 
las tardes de tormentas,
 su gente viajando 
en vaporettos abarrotados,
 amantes solitarios 
sobre las arqueadas góndolas. 

 Escucho Venecia en el Adaggieto
 de la Quinta de Mahler 
y me desplomo sobre la Playa de Lido 
ante la pura belleza de Tadzio. 

 Siempre amé Venecia, 
incluso antes del recuerdo, 
antes de la lectura de Thomas Mann, 
mucho antes de disfrutar 
con el cine de Visconti. 
 Siempre recuerdo Venecia, 
amando a Mann, a Visconti, a Mahler, 
sentado en La Fenice, 
volando la mirada 
desde la última cubierta del barco 
atravesando el Gran Canal. 

 Y ahora vuelve el siroco,
 y ya no está Tadzio 
ni muere Aschenbach 
en la Playa del Hotel de Lido
frente al mar.