
Llevo un mar anclado a mis pupilas
que me unge en el silencio de la noche
y me nutre de fonemas al amanecer.
Es un mar de intensa tranquilidad
que anega mi garganta de amapolas
para regresar y reposar en mi vientre.
Es un océano sorprendente,
a veces encrespado y violento,
que regenera cada una de mis células.
Soy mar limitado y océano infinito
donde se detiene el tiempo
en las dos orillas de mi cuerpo.