Jamás pudo el silencio con los labios
de una rosa llena de espinas
ni con las lágrimas de un jazmín
muerto al amanecer.
Todo fue un naufragio en mitad de la noche,
antes de que tu etéreo cuerpo
se desnudase entre mis sombras
con el último rayo de luna.
Siempre fuimos dos silencios
soñados sobre los labios de la mar,
con el salitre cimentando cada palabra
saciada de dolor y ternura.
Éramos sombra y silencio
revoloteando nuestras quimeras de papel,
empapándonos de un lenguaje nuevo
colmado de poesía.
Éramos dos gotas de lluvia
cosidas en las alas del aire
para engendrar el arrullo de la noche
que nacía en nuestra propia piel.
Siempre fuimos dos versos solitarios
fondeados en la ribera de la luna.
Solo somos dos versos deshabitados
eternamente a la deriva.
por un momento he sido rosa y espina,
ResponderEliminarsilencio y grito desolado,
arrullo de mar y ola embravecida..
he sido todo y nada a la vez
mientras te leía.
son,.. seguramente,..
los versos que más han llenado
mi alma y mi vida.
son tan tuyos como míos..
sólo nos habría diferenciado una cosa al escribirlos.
tú lo hiciste en pasado.
yo habría usado presente y futuro.
siempre hablará de ti
el verso que nunca escribo,..
y con este Adagietto de fondo..
me lanzo al mar para esperar allí,..
eternamente a la deriva.
Naufragios
ResponderEliminarnoches de sombra y silencio
quizás hayan sido cimientos
para engendrar
bellos versos.
Tu poesía, siempre enorme.
Un gran abrazo
Quiero ser tu verso, tu rosa y tu silencio. Quiero ser tu sombra y una de las gotas de lluvia.
ResponderEliminarQuiero siempre estar.
Benditos sean estos versos deshabitados y a la deriva que el oleaje trae a tu pluma y se hacen poema, y más siendo el poema tan bello.
ResponderEliminarBesos
Si fuisteis así siempre, siempre lo seréis.
ResponderEliminarBello.
Precioso poema José Alberto. Muy logrado. Te felicito y te abrazo por tu alma clara que no teme mostrarse al descubierto. Un don que pocos tienen amigo.
ResponderEliminarSilvia
Silencio y verso.
ResponderEliminarVerso y silencio.
Calado y agua