
El cadáver de Francis Bacon a la espera de ser incinerado, 1993 - JUAN MASSANA
Sé que cada una de las horas,
haga lo que haga y pase lo que pase,
no son otra cosa que sesenta minutos
de inexorable muerte en el reloj.
Sé que los espejos que alumbran la memoria
se rompieron la noche, de abril del noventa y dos,
cuando Bacon murió en una clínica de Madrid.
También sé que, por oscura que sea la noche,
el sol volverá a derretir las escarchas de luz
sobre el horizonte del próximo amanecer.
Solo sé que ya no me quedan palabras
con las que continuar construyendo versos
que estas que ensarto con estambres de silencio.
Con estambres de silencio tengo suficiente,
ResponderEliminarsoy de fácil conformar.
Me ha gustado mucho tu poema
Tú siempre tendrás palabras -bellas palabras-, querido Noray.
ResponderEliminarY aún hay pendiente por ahí ese gintónic que las perfuma.
Gracias por tu poesía y por "presentarme" a Bacon en tantas de tus entradas.
Besos mediterráneos de mar eterno.
El sol y la escarcha, deshojan cada momento, siempre habrá sándalo o ámbar para tus letras. Entre los silencios se reconstruyen los espejos.
ResponderEliminarUn abrazo
Admirado poeta Noray: es estupendo que alguien se acuerde del pobre Francis Bacon. La vida del hombre es así. Pasado el tiempo, desaparece para siempre sin que nadie, sólo algún poeta, la recuerde. Un abrazo.
ResponderEliminarque me gusta la palabra estambres,abre muchas construcciones
ResponderEliminartus palabras hacen un gran tejido , es más lo bordas con cada uno de esos hilos
felicitaciones
El silencio siempre nos persigue...
ResponderEliminarSaludos y buen viernes.