“Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.”


JORGE LUIS BORGES

jueves, 11 de septiembre de 2008

Después de un eclipse

Eclipse, 2006 - JOSÉ MARÍA SICILIA

Durante demasiado tiempo
has sido matriz
de intensa pasión
y, en muchas ocasiones,
como la esplendorosa
Victoria de Samotracia,
eras enseña de la belleza.

Y ahora, a años luz,
de las auroras boreales,
te conviertes en el vértice
de mis desgarradas entrañas
y te enquistas en la resina
de las ruinas de Nínive
después de un eclipse de sol.

11 comentarios:

  1. porque en esa oscuridad instantanea se ve una noche de artificio puro.
    un abrazo.

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  2. Son hermosos los eclipses de sol. Fenómenos mágicos en cierta medida.
    Debieron de asustar mucho a nuestros antepasados.
    Un poema en consonancia a ese instante de oscuridad, que puede sobrecogernos el alma.
    Pero después de la noche, siempre llega de nuevo la luz y con ella, tus versos.
    Un abrazo.

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  3. Llego precisamente de la mano de alatriste, y tengo que deciros que sois dos poetas sublimes. Espero volver pronto. Te espero por mi blog... Un fuerte abrazo. Volveré

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  4. debe ser lo mas masgico del mundo ver un eclipse bajo un manto como la aurora boreal...

    magico poema
    magia en tus palabras poeta!

    un beso

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  5. De la pasión intensa a la resina de las ruinas.
    Afortunadamente a veces es del revés.

    Hermosos versos.

    Un abrazo.

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  6. Sí que era bella y sí que la quisiste. No podrías crear poesía de no haber sido así. Me sigues sorprendiendo con tus letras. Me encanta leerte. Aprendo muchísimo de ti. Un abrazo.

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  7. Bello poema para un bello capricho de la naturaleza.
    Te dejo un beso enorme y te agradezco las palabras que dejaste en mi blog.

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  8. Un bonito poema con toques históricos y remaches de profundidad natural...Un saludo!

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  9. eclipse de amor...

    me alegro de que te gustase mi buenos aires..

    abrazo

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  10. A todas y a todos

    Quizás sea como el ámbar
    que siempre regresa a tierra
    tras la tormenta.

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Inexorablemente, dos somos infinitamente más que uno.