“Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.”


JORGE LUIS BORGES

lunes, 8 de septiembre de 2008

Luces y sombras

El día, la noche, la tierra 1978 - EUSEBIO SEMPERE

Atraviesas el alba
y derramas la luz
de los dorados abanicos
del sol naciente.

Llegas a la fresca mañana
y clavas en el aire
de todas las miradas
la tenue sombra de la luna.

Caminas en el mediodía
y, sin dejar huella,
lanzas voces de ecos
llenas de colores.

Cruzas la ancha tarde
sobre el bosque de mi piel
y dejas una cálida fragancia
en el frío paisaje.

Agonizas en la noche
y mueren las luces
para alumbrar las sombras
de mi desértica alma.

14 comentarios:

  1. La belleza habita en cada trazo de tus palabras.

    Son un bello remanso.


    MaLena.

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  2. Indudablemente te puebla

    de la mañana a la noche

    y te arranca poemas

    como racimos de luz y derroche

    de tu creatividad innata

    Ella te enciende,te apaga y rescata!

    ♥♥♥besos♥♥♥

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  3. Bellísimos versos
    claroscuros
    luces y sombras...

    Un beso*

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  4. Entre luces y sombras, el destello de la poesía.

    Abrazos,

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  5. Sigue tu pluma trazando,
    retazos de un alma...

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  6. ...Y tus palabras siguen atravezando con dardos de sentimientos mi humano corazón que sangra por no tenerlo.

    Buen inicio de semana.
    Saludos conversos.

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  7. un día que termina...
    solo lo podés escribir vos, la belleza de tus palabras es inmensa.
    un abrazo

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  8. A todas y a todos

    Eternas gracias por ayudarme a cruzar las sombras y penetrar en la luz.

    Un abrazo

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  9. Siempre veré más luces que sombras en tus versos.
    Es más, para mí no hay oscuridad ninguna en este lado del mundo.
    Escribes como sientes y eso es una bendición.
    Un abrazo.

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  10. Detrás de cada luz hay una sombra, cuanto más sea la sombra, m.as tu luz ha de brillar.
    Bellísimos versos.
    Un abrazo desde Argentina

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  11. y que bello es sentir que hay alguien que es capaz de iluminar las sombras de nuestra alma...besos

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  12. Querido Noray, a veces son necesarías esas sombras, a veces nuestra propia estrella necesita el fulgor del lucero, para poder llevarnos calma al espíritu.
    Un beso.

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Inexorablemente, dos somos infinitamente más que uno.