“Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.”


JORGE LUIS BORGES

viernes, 4 de abril de 2008

Palabras

El Hilo Conductor (Iris Borondoniano), 2007 - SEMA CASTRO-

El aire permanece tibio.
La plomiza tarde
desmorona palabras,
palabras que en otros tiempos
fueron estandarte de palabras.
Las negras nubes
exhalan palabras,
palabras de treguas
y ausencias de palabras,
palabras de olvidos,
palabras de desamor,
silencios de palabras.
Mi garganta seca

es bostezo de palabras,
mis mustios ojos
son morada de palabras.
-
Quiero derribar
las gastadas palabras
porque lentamente,
a cada instante,
nacen nuevos muertos
en mi garganta.

6 comentarios:

  1. La que tiene que agradecer soy yo...
    por acompañarme en este viaje...
    y dejar en él su huella...

    un beso!

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  2. Entonces, el agradecimiento será mutuo. No sé si mi paso dejará huella.

    Otro para ti.

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  3. Has conseguido muy bien en este poema transmitir el pesar por tantos sentimientos que, apenas pronunciados, ya han dejado de ser. En especial, me ha gustado el último verso. Saludos cordiales.

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  4. Muchas gracias por tu comentario Isabel. Yo también creo que lo mejor del poema son los últimos versos.

    Saludos cordiales.

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  5. Mientras tengamos la palabra, el silencio dolerá menos...
    Besos desde Galicia

    Marnie
    Entraré más amenudo para leerte.

    P.D. Me encanta el nombre de tu blog: amarradero inquebrantable de barcos para que recalen, seguros, en puerto.

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  6. Gracias Marnie por tu amarre.

    Siempre tendremos la poesía de Blas de Otero.

    Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua,
    si he perdido la voz en la maleza,
    me queda la palabra.

    Si he sufrido la sed, el hambre, todo lo que era mío y resultó ser nada,
    si he segado las sombras en silencio,
    me queda la palabra.

    Si abrí los labios para ver el rostro puro y terrible de mi patria,
    si abrí los labios hasta desgarrármelos,
    me queda la palabra.

    "En el principio" BLAS DE OTERO

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Inexorablemente, dos somos infinitamente más que uno.